Cuando la ansiedad aparece, la mente suele ir más rápido que nuestra capacidad de pensar con claridad. En esos momentos, el cuerpo puede convertirse en un refugio seguro. Volver a la respiración, sentir el apoyo de los pies en el suelo o notar el ritmo del corazón permite que el sistema nervioso reciba un mensaje de calma y protección. El cuerpo siempre está en el presente, y por eso ofrece estabilidad cuando la mente se pierde en el miedo o la anticipación. Aprender a escucharlo y habitarlo con conciencia no elimina la ansiedad de inmediato, pero crea un ancla real que devuelve sensación de seguridad, control y equilibrio emocional.
Currículum
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